La Habana que Llevo Puesta

Cuando este 16 de noviembre, habaneras, habaneros y los que no lo son, en su habitual concurrir a la  legendaria ceiba del Templete a pedir sus deseos y a recordar que a la sombra de un árbol similar se efectuó la primera misa y el primer cabildo de su fecha fundacional, la subyugante urbe capitalina se mostrara tan hermosa y admirable como siempre, para recibirlos.

El tiempo, en su eterno empeño de ocultar intimidades,  seguirá envolviendo a La Habana en un halo  de misterio y tradiciones, certificando cuanto de historia y de leyendas se esconden en los símbolos citadinos y en sus obras arquitectónicas más representativas, sus paisajes y su herencia colonial y patriótica.

La capital de Cuba es una ciudad para no olvidar. Sus casi cinco siglos de existencia no han borrado el encanto original de la vieja villa de San Cristóbal de La Habana, Patrimonio de la Humanidad, según declaración de la UNESCO y que es simbolizada por una mujer de fisonomía indocubana esculpida en bronce, que  le sirve de vigía. A modo de veleta, se alza atrevida en la torre del Castillo de la Real Fuerza La Giraldilla, tan emblemática como el Castillo de los Tres Reyes del Morro y nuestro rutilante Malecón.

Asentada frente a la bahía, puerto seguro  y sosegado de su definitivo emplazamiento, luego de viajar de sur a norte entre zonas bajas e insanas, La Habana, ese baluarte de Cuba que resume patriotismo en cada una de sus piedras, renace en  su centro histórico. Instituciones y espacios públicos se han incorporado a la fisonomía actual del territorio capitalino, resurgido entre bicentenarios paredes. Así, plazas y arterias principales, palacios y barriadas, nos descubren hoy una nueva historia. La historia de una ciudad con un gran sentido de pertenencia, solidaria y alegre, asomada a las urgencias de la modernidad, pero preservando sus memorias, luchas y sueños.

Y porque La Habana es su gente, el olor de su mar, su cielo azulísimo, su música y arquitectura; sus espacios bañados de luz y color; lo interesante y lo ancestral vive en ella. Una metrópoli que, a contrapelo de dificultades, carestías y limitaciones, nos convoca a que le retribuyamos en torrente de luz y amor, cuanto nos ha legado. Con esta disposición de ánimo se hace realidad el empeño de rescate. Proceso de restauración con una atinada proyección sociocultural en su obra. Imagen renovada de una urbe que no reniega de su pasado sino que lo incorpora a su presente

Habanera al fin, pienso que la capital de todos los cubanos y las cubanas es una ciudad para llevarla puesta y andar con ella, como el bastión de fortaleza y cubania que es.

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