El Amigo Sincero de Mano Franca

Americano y universal, José Martí anticipó en el epitafio que él mismo escribiera para un personaje grande de la humanidad, lo que del propio Maestro pudiera decirse: “En él fue enteramente digno el ser humano”.

Consagrado por completo a la gran obra independentista que culminaría en los campos de Cuba con el inicio de La guerra necesaria que organizara y pusiera en marcha el 24 de febrero de 1895 y su caída en combate el 19 de mayo de ese mismo año, Martí dejó una estela de recuerdos en su cruzar relampagueante por la vida. Y no solo como defensor de los más caros ideales, sino como hombre que honraba la amistad.

Tuvo muchos amigos y amigas Martí. Y a la memoria nos viene Manuel Mercado, el entrañable mexicano; o Enrique Collazo, el general mambí que lo definió como “un hombre de gran corazón que necesitaba un rincón donde querer y ser querido”.

En su laborioso y agitado andar, El Maestro sostuvo un trato fraternal y delicado aun con aquellos con los que tuvo alguna divergencia. Como escribiera Gonzalo de Quesada y Miranda, uno de sus biógrafos, en el prologo del libro  Así vieron a Martí, “nada contribuye tanto a formarse una idea de un grande hombre-aparte del conocimiento de su propia obra y retratos suyos hechos en vida- como la impresión personal que causaba en sus contemporáneos”. Y en los relatos, testimonios o evocaciones de muchos de los que tuvieron la enorme suerte de estrechar la mano franca de nuestro Héroe Nacional, se reconoce cuanto de admirable había en él.

Para Benjamín Guerra, que lo conoció en Nueva York y a quien Martí nombro tesorero de Partido Revolucionario Cubano que fundara el 10 de abril de 1892, “era un hombre eminentemente práctico, que sabia administrar y preparaba con cuidado sus proyectos.

Amigo y compañero de Martí en el trabajo revolucionario, el Delegado en Cuba del Partido Revolucionario Cubano, Juan Gualberto Gómez, el mulato intransigente con el que estableció una relación  que estrecho y fortaleció la identidad de opiniones respecto al destino de la Patria, escribió en 1933 en la Revista Bimestre Cubana:

“La Habana ha rendido a la memoria inmortal del egregio José Martí, un esplendido homenaje en este aniversario de su natalicio. Es seguro que en la isla entera todos los corazones cubanos se habrán sentido igualmente emocionados al evocar el recuerdo del día feliz en que Cuba viera nacer al hijo que, con su laboriosa constancia y se esfuerzo ge4nial, reunió los elementos valiosos y unifico las voluntades para que su país de nuevo se lanzara a la conquista de su libertad y de su independencia”.

Y María Mantilla, la niña querida a la que amaba como una hija y a la que dio clases con gran paciencia y cariño; y cada vez que tenia que hacer un viaje le dejaba preparado el itinerario de estudios que debía de hacer durante su ausencia, según confesara años después, fue muy grato para ella “vivir con recuerdos tan vivos y llenos de cariño como los que llevo yo en el alma”.

En sus recuerdos de sus primeros 15 años, publicado en una edición de la revista Bohemia en 1963, María Mantilla señalaba la delicadeza y galantería del caballero que para ella era Martí.

“Para él la mujer cosa superior. Siempre tan fino y con alguna frase de elogio en sus labios, Cuando se daba alguna reunión, en que se citaban las familias cubanas para celebrar algún santo o alguna otra ocasión, había música y un poco de baile, y Martí siempre sacaba a bailar a las señoras y señoritas menos atractivas, y luego yo le preguntaba: “Por qué es que usted siempre saca a bailar a las mas feas?”. Y  el me decía: “Hija mía, a las feas nadie les hace caso, y es deber de uno no dejarles sentir su fealdad”.

En los recuerdos infantiles de María Mantilla, ocupaba un lugar destacado la vez que sentada con él bajo un árbol, en el campo, una abeja la picó en la frente y en el instante Martí la trituró con los dedos; de ese episodio resultó el verso sencillo que dice:

Temblé una vez en la reja/ a la entrada de la viña/cuando la barbará abeja/Picó en la frente a mi niña”.

Todo un corazón cubano

El general dominicano Máximo Gómez, con quien Martí redactó el Manifiesto de Montecristi, brindo todo su apoyo a la preparación de la nueva guerra libertara en Cuba y vino con él en la goleta que arribó por Playitas de Cajobabo, en el extremo oriental del país, aseguraba: “Pocos conocen a Martí como yo; puede que ni él mismo se conozca tanto. Martí es todo un corazón cubano”.

Para El Generalísimo del Ejercito Libertador cubano, Martí era un hombre sin miedo y resuelto, que se sobrepuso “entero y sin decaimiento cuando en el tremendo fracaso de La Fernandina, lo perdimos todo”  “Momentos angustiosos fueron aquellos, capaces de meter miedo a los espíritus mas fuertes y mejor templados y a los hombres como Martí, no acostumbrado a los azares de la guerra.

Gómez alude al fracaso de la expedición de La Fernandina, un plan preparado con extrema cautela y el mayor secreto. Solo unos pocos colaboradores íntimos de Martí lo conocían, Martí lo preparó y se encargó de buscar un puerto fiable, que serie el de La Fernandina, al este de La Florida. Producto de una delación, fue descubierto en enero de1895. Las autoridades norteamericanas, mostrándose una vez mas enemiga de nuestra independencia, decretaron el embargo de las armas y de las embarcaciones que la trasladarían a Cuba. La idea de Martí era fletar tres barcos preparados para ello que arribarían a Cuba por tres provincias del país, simultaneándose la expedición con el alzamiento armado del 24 de febrero de 1895, inicio de nuestra segunda gesta independentista.

Y agregaba Gómez en sus reflexiones sobre El Apóstol: “Extraño contraste, habíamos principado con la mas horrenda derrota, para obtener después la mas esplendida victoria. Así ha sido Cuba y seguirá siéndolo”, sentencio el guerrero dominicano-cubano.

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