Regidos por el Sino Martiano

El 26 de julio de 1953, Cuba se estremeció con la noticia de los heroicos sucesos de los asaltos a los cuarteles Moncada  en Santiago de  Cuba y Carlos Manuel de Céspedes, en Bayamo. Respuesta digna del pueblo cubano, representado en aquellos jóvenes de la Generación del Centenario que, imbuidos de la doctrina y el pensamiento martiano trazaron la senda del Moncada y el Granma. Porque fue Martí, su legado y la enorme influencia que siguió ejerciendo aun después de muerto, el autor intelectual de aquel hito histórico

Nacido hace 160 años este 28 de enero, fue el hombre superior que supo conmover a Cuba y levantarla del letargo colonial hasta sacrificarlo todo en aras de una guerra necesaria y justa que nos llevara a la independencia.

José Martí, como Fidel, fue un rebelde  un visionario, un hombre en el que resaltaba su capacidad de liderazgo. De sus 42 años de agitada e intensa vida, más de 20 los pasó fuera de Cuba., la patria amada, cuyos derechos defendió con tesón incansable. Niño aun se encaró contra el poder usurpador de España y sufrió grilletes, cárcel y destierro.

Ético, justo y noble, aunó a un lenguaje de elevadísima hondura, pensamientos que imponen lecciones de sabiduría. “Yo vi a Martí, entero y sin decaimiento cuando en el tremendo fracaso de La Fernandina lo perdimos todo, quedándonos sin recursos y sin créditos, como premio doloroso de algunos años de ímprobo trabajo”, aseguro admirado del Apóstol, el Generalísimo Máximo Gómez, al referirse a la expedición que tomó el nombre de ese puerto al este de La Florida, próximo a Jacksonville, Descubierta, producto de una delación en enero de 1895, las autoridades norteamericanas, mostrándose una vez más enemiga de nuestra independencia, decretaron el embargo de las armas y de las embarcaciones.

Poeta, escritor, periodista, tribuno. Interminable parece ser el diapasón en que se movió este Hombre Universal para quien Cuba y su destino fueron afanes y razones. Creía que la amistad y el agradecimiento eran deberes y gozos; y aunque valiente y decidido no era un soñador ni un visionario animado por sentimientos románticos. sino por sus convicciones patrióticas. Hombre de corazón abierto a la fraternidad humana, Martí vio en los valores espirituales un bien supremo para la humanidad.

Habiendo vivido solamente 42 años dejo una obra impresionante y ganó admiración, además, como organizador político y revolucionario convencido. Como ha dicho Armando Hart, combatiente revolucionario y estudioso de su obra, “la vigencia histórica de martí radica en que consagró su vida heroica a defender los intereses de la población mas explotada del país, se entregó al objetivo de las independencia nacional, comprendió el papel que a Cuba le correspondía desempeñar en América en el mundo y desarrolló el ideario democratizo mas avanzado de Nuestra América en el siglo X1X”.

Ese fue el sentido de su vida. Como expresara el propio Hart,  su trascendencia está, entre otras cosas, en que es parte integral e inseparable de Iberoamérica y el Caribe. Así, cercano e intimo, consagrado a la patria y a servirla, concibe el pueblo cubano  a su Héroe Nacional Recordarlo en su día, es perpetuar la rosa blanca de sus versos sencillos y, regidos por el sino martiano, sentirlo florecer en junio como en enero.

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