Ni Caerse Ni dejarse Caer

Si usted mira a su alrededor notará que nuestra población se vuelve “vieja. En la casa, la calle, los parques, andan nuestros ancianos y ancianas deseosos de no perder el ritmo de vivir. Todos envejecemos: mujeres y hombres. La senectud es un proceso natural y continuo que se inicia desde que nacemos. Este es un estado de potencialidades enriquecidas por la experiencia de lo vivido. Como decía Cicerón, filosofo romano de la antigüedad y uno de los primeros en denominar a este grupo etario como “la tercera edad”, “toda edad es pesada para aquellos en quienes no hay ningún recurso en sí mismos para vivir bien y felizmente”.

La desigualdad ante la muerte es consecuencia también de la desigualdad social ante la vida. Según las estadísticas, para el año 2050 Cuba se ubicara entre las naciones mas envejecidas del orbe y para el 2020 existirán más ancianos que niños. Ahora, con el Censo, `podemos saber con mas precisión cifras y estadísticas y, a partir de ahí, buscar mecanismos que prioricen una mejor calidad de vida de este grupo etario.

A ojos vista, pronto seremos una sociedad de adultos mayores, lo cual implica que el desvelo por las personas de edad se oriente no solo hacia la protección de la salud y la seguridad social; hay que procurarles una mayor participación en el desarrollo socio económico, un entorno amistoso y solidario, y garantizarles condiciones adecuadas a sus limitaciones, atendiéndolos con el respeto, la ternura y la dignidad que merecen sus canas.

Por eso, suscribo totalmente el comentario del colega José Alejandro Rodríguez, titulado Las arrugas de las necesidades, aparecido en Juventud Rebelde este domingo, y su propuesta de hacer un banco de ideas entre todos, para sin esperar por directivas superiores ni grandes resoluciones, hacerles la vida mas útil y agradable, aliviándoles penas y quebrantos cotidianos. Y aunque nuestro contexto social no los margina, se requiere perfeccionar los mecanismos que faciliten una atención y cuidados más directos y esmerados a aquellos que por sus condiciones físicas o psíquicas, o por carecer de amparo familiar, lo demanden. Ello implica un enorme reto para el país, desafío que debe estar acompañado de políticas sociales que los beneficien, como el desarrollo de Casas del Abuelo (y la Abuela), ampliación de las capacidades de algunos Hogares de Ancianos, prestación de ciertos servicios, comedores y programas culturales y recreativos.

La asistencia social debe llegar a los más vulnerables, a los que no tienen familiares y si lo tienen no se ocupan de ellos, como ocurre en muchos casos No siempre el adulto mayor tiene el reconocimiento que merece. Sus limitaciones físicas y mentales, fragilidad y senilidad, lo convierten en fácil blanco de las agresiones de los más jóvenes de la casa, que los ven achacosos y decrépitos en una edad en que tienden a la dependencia de los demás. La desatención y el abandono familiar, las humillaciones, los comentarios despectivos, el aislamiento y otras reacciones irrespetuosas de quienes comparten el mismo techo, son causantes de mucha depresión y baja autoestima, lo que los hace más vulnerables.

La vejez llega con rapidez. Comprender las dificultades de este proceso que incide grandemente en la dinámica familiar, asimilarlo en aras de una mejor comprensión, debe contar con el protagonismo no solo de la familia y la comunidad, sino del propio adulto mayor, en la búsqueda de soluciones locales a sus problemas, que permitan un equilibrio entre sus necesidades y demandas biosociales y sus respuestas.

La elevada esperanza de vida, los bajos niveles de fecundidad y las bajas tasas de mortalidad en edades adultas conducen a una población envejecida. El grupo de 60 y más años es hoy el 17% y, ya se sabe, va a crecer más. Para que perdure la juventud hay que atender desde temprana edad la salud física y mental, clave para acercarse al periodo que sigue provistos de un equilibrio emocional y dispuesto a asumirlo con dignidad. Es decir, el proceso de envejecimiento puede modificarse notablemente si quien lo atraviesa manifiesta interés por conservar el vigor físico y mantener una vida activa y pletórica. Es mas grave sentirse viejo que serlo.

La edad no es un impedimento para apartarse de la labor creadora. Justamente a esta hora de la existencia ya se han realizado proyectos y se conocen las características de la naturaleza humana. Cada época tiene su encanto, solo hay que resaltarlos sin estridencias. La belleza y la atracción personal transitan por senderos abonados por la personalidad y el buen gusto, como diría una colega amiga. Y esto es valido para los dos sexos. A esta hora de la vida, una y otro han de atemperarse a los años que cuentan, sin olvidarse de la propia sexualidad, tan importante y enriquecedora para todo ser humano, sin distingo de edades.

El concepto edad no forma parte de nuestra idiosincrasia. Como bien señala el profesor Alfredo Ceballos en su libro Ni caerse ni dejarse caer. “eso está ahí y no se puede reducir ni física ni mentalmente; lo importante consiste en saber burlarnos de ella, “darle de lado”, como se dice en cubano”. Superarla con más conocimientos de nosotros mismos, de lo que nos hace daño, de aprender a enfrentar los traspiés que nos pone la vida. En fin, sonreír, tolerar, deslumbrarse y considerar la existencia un regalo, aunque como decía mi, madre, la procesión vaya por dentro.

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