Convivencia, un Asunto de Familia

En Cuba hay prevalencia de familias ampliadas. Bajo un mismo techo conviven asociados padres, abuelos, nietos, hermanos y hasta cuñados. Cada quien con su estilo, a su manera, va conformando un modo de vivir acorde con los tiempos. Lógicamente las relaciones de mando atraviesan por los más disímiles aspectos.

La convivencia entre hombres, mujeres y niños de diferentes generaciones trae por consecuencia criterios dispares, formas de actuar diferentes, desavenencias y hasta relaciones de poder. Todo ello enriquecido por un lenguaje particular que identifica a cada miembro y hace de la relación familiar algo inestimable y único cuando hay control y respeto, pero también un constante desafío a la armonía y a la paz hogareña al converger sentimientos y factores agravantes.

Si hay abuelos y abuelas, casi siempre estos deben asumir grandes responsabilidades en el trabajo hogareño y la atención de los nietos. Sin embargo, NO se les concede la autoridad necesaria para ejercer sus criterios. Y lo que es peor, a veces, inconscientemente, se rebaja su imagen al cuestionar sus decisiones o maneras de actuar tanto con el niño o niña como delante de ellos.

Esa disparidad de criterios es percibida por los niños y jóvenes del núcleo que al ver que la autoridad se diluye entre los responsables de su formación y no existe un poder unificado que los gobierne, acaban por descontrolarse y no obedecen a nadie en el seno de esa primera escuela que es la familia.

Las discrepancias generacionales pueden devenir factor divisor de la necesaria avenencia familiar. Cuando hay respeto, buen trato, comprensión y solidaridad entre los miembros del grupo y estos se comportan acorde con los buenos hábitos de coexistencia, la relación fluye entre las personas que cohabitan en la casa, constituyendo verdaderos ejemplos para los más chicos.

Muchas de las manifestaciones de indisciplina y desajustes de la conducta atribuidos a las fallas educativas de los miembros más antiguos de la familia o a los menos apreciados, se deben a la imprevisión y falta de sensibilidad en el manejo de ciertas problemáticas. Con esto no queremos decir que se acepten  a ciegas las determinaciones de los abuelos, por ejemplo, ni que se delegue en ellos absolutamente la educación de los niños, pero sí creemos que cualquier diferencia de criterios ha de discutirse privadamente y con tacto, para no herir las sensibilidades de los otros.

Cuando hay niños y jóvenes conviviendo con personas de diferentes edades y criterios, los padres deben enseñarle con palabras y ejemplos, que los mayores deben ser respetados y no permitirles una frase desdeñosa, una mala contestación o un gesto de irrespeto hacia ellos La observación que los menores hagan de los adultos debe ser cuidadoso y considerado.

El respeto empieza por uno mismo. Hay quienes piensan que porque se es miembro de la familia, no hay que saludar, dar las gracias, pedir permiso, colaborar o ayudar a la persona mas necesitada de la casa. El ejemplo, la honestidad, la imitación de patrones de urbanidad, constituye desde las edades más tempranas el principal recurso para desarrollar seres integrales, armoniosos y felices.

La familia representa la primera institución en que nos criamos y educamos y sigue siendo el pivote y la medula de los que conviven en su seno, tanto en la distribución económica y material de sus recursos como en el trascendente apoyo emocional brindado a sus componentes.

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