Niños Cubanos, Niños Con Derechos

Darío tiene 11 años y hace tiempo que dejó atrás la niñez. Sin saber ni cómo, se enrolo en un conflicto del que no tiene ni idea. Pero es un niño soldado con una misión: matar o que lo maten. No es el único para el que los juegos bélicos se trocaron en realidad. Estudios recientes de la Organización de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), estima en mas de 300 000 los menores de 18 años que sirven como combatientes alrededor del mundo, un tercio de ellos en África. Otros seis millones padecen lesiones o han perecido como consecuencia de las guerras.

Adelaide cumplió 13 años y desde hace tres meses “trabaja” es un burdel de Manila donde, si es complaciente con los clientes le pagan unas monedas y le proporcionan un cuarto, que comparte con otras niñas de su edad, prostituidas como ella.

Richard, David y Marcos se ocupan de faenas agrícolas en las interminables tierras de su patrón, donde laboran extensas y agotadoras jornadas para mantenerse a sí mismos y a sus familias. Todos estos niños tienen en común malvivir y perecer apenas se empinan del suelo, además de servir de mercancía y como objetos de esclavitud sexual a un mercado en pleno florecimiento

Múltiples son las condicionantes que los obligan a tomar las armas en guerras y conflictos ajenos; a trabajar en condiciones infrahumanas y a prostituirse. Entre ellas sobresalen las necesidades económicas en el seno familiar, la huida de casa y la búsqueda de dinero para sostenerse, Las consecuencias que esto trae, pasan por la explotación por parte de proxenetas y el suicidio, hasta la drogadicción, la venta de órganos y el crimen. Muchos de estos niños y niñas abusados sexualmente son vendidos al exterior.

El panorama de este universo infantil en desventaja es cada vez más sombrío. Unos 200 000 millones de infantes vulnerados viven en la pobreza, casi 30 000 menores de cinco años mueren a diario por causas evitables y otros tantos millones de niños y adolescentes están fuera de las aulas o en riesgo de dejarlas, sufren explotación laboral o caen en redes de prostitución infantil, según reportes de estadísticas mundiales. Niños y niñas que perdieron la ingenuidad y el candor de sus edades, cuando su sola existencia debía representar un motivo de felicidad. Para estos olvidados, no hay ni siquiera el simple reconocimiento a la supervivencia, el desarrollo, la protección y la participación, plasmados en la Convención sobre los Derechos del Niño.

La sociedad en cualquier parte del planeta requiere de la formación multilateral y armónica del niño y la niña desde su mismo nacimiento. Es un proceso de continuidad que dura toda la vida, por lo que cualquier patrón de crianza carece de un verdadero sentido educativo si no se privilegia a la infancia, y esa dispensa pasa por el resguardo a sus derechos, el primero de ellos, el de la vida. Para ello se precisa voluntad política por parte de los Gobiernos y la decisión de concretarlos

Otra mirada.
Favorecidos no solo desde el punto de vista institucional, sino desde los códigos éticos y el propio sistema social, que rechaza cualquier acto que signifique vejar a un menor, ya sea física o psíquicamente, la niñez en Cuba es un tesoro muy valioso en los que depositamos amor y dedicación. Según los expertos, lo que verdaderamente define el progreso de una nación es la calidad con que se atiende a los niños desde que nacen. Por ende, la tasa de mortalidad infantil es tomada como un referente que mide cualquier avance en este campo. Una reducida tasa de 4,6 por cada mil nacidos vivos refrendan un programa de atención materno infantil que parte de la atención primaria a la gestante y la garantía del parto en instituciones de salud

En Cuba, país bloqueado, asediado, hostigado, la mirada de los niños refleja toda la facilidad del mundo, y una perenne sonrisa ilumina sus rostros. Desconocen el hambre y la miseria y no son usados como mercancía sexual o como fuerza de trabajo, como ocurre en muchos otros países. Tienen escuelas y la salud asegurada y ninguno perdió su ingenuidad. Sorprende a los que nos visitan, encontrarlos jugando en las calles, campos, parques, playas, cuando en otras naciones no sucede así por la inseguridad y la violencia y que para nosotros, no es más que un reflejo del disfrute de sus derechos inalienables. En el hogar, reciben las primeras nociones de convivencia y se sientan las bases de su formación física, moral, estética, laboral, patriótica y política. Son el tesoro más preciado: lo saben y se divierten libres, privilegiados, mimados, felices de vivir una infancia verdadera.

Los niños cubanos son actores y protagonistas de primera línea de una cotidianidad que les asegura una escolaridad gratuita en todos los niveles de la enseñanza, incluida la especial. ¿Por qué es eso, vale preguntarse? La respuesta no la da un cubano: “Acaso porque este es el único país donde se coordina integralmente el desarrollo de la infancia,” El reconocimiento lo hizo el ex representante de la UNICEF en Cuba, Juan José Ortiz. Y dijo más: “Mientras en otros países se trabaja por la subsistencia de los niños, los chicos cubanos son de los mas a afortunados del mundo, lo que demuestra que la solución a los problemas urgentes de este grupo etario radica en las voluntades políticas y no en la situación económica de las naciones”.

Decir que todo es perfecto aquí, es cegarnos a realidades que no escapan al ojo escudriñador del Estado cubano ni del pueblo, que trabajan de conjunto para erradicarlas. Arrastramos desigualdades, perdida de valores, carencias, vicisitudes y variados son los rostros visibles del genocida bloqueo que sufrimos desde hace mas de 50`años y que nos hace ir sorteando vallas en una carrera de obstáculos cuya meta es la felicidad de nuestros ciudadanos y ciudadanas, en especial la de nuestros niños y niñas.

No pasa un día sin que la más burda prensa mediática nos ataque e injurie con las más inimaginables y fantasiosas tramas, erigiéndose en defensores de los Derechos Humanos supuestamente violados acá. Pero como diría, el mismo experto de la UNICEF: “la protección de la infancia se vive en Cuba, no me la tiene que contar nadie, lo he vivido y me siento orgullosísimo de haber participado en el desarrollo de ese proyecto social”

UN viejo refrán dice que no hay peor ciego que el que no quiere ver y para estos que nos incluyen en listas negras, sin ver la paja en sus propios ojos, y hacen campañas acusándonos de un supuesto comercio sexual infantil, entre otras muchas barbaridades que ni ellos mismos se creen, la única respuesta verdaderamente sabia es la que transita por el mejoramiento humano por el que apuesta nuestra sociedad y que pasa por la decisión inexorable de regir nuestros destinos, sin malsanas injerencias foráneas que no pedimos y que poco nos importan.

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