A la Distancia de su Música

Su muerte, el pasado fin de semana, consternó al mundo del pentagrama. Había fallecido a los 90 años de edad Cesar Portillo de la Luz, el c anta autor que iluminó una época fecunda para la trova, la canción, el bolero, el jazz y hasta la más clásica de las músicas y que, con José Antonio Méndez, Angelito Díaz, Frank Emilio Flyn, Marta Valdés, Frank Domínguez, Elena Burke y tantos otros buenos intérpretes, compositores e instrumentistas del patio, hicieron del sentimiento y la sensibilidad un movimiento identificado como filin y del que Portillo fue una figura prominente.

Una biografía sucinta lo presenta como un habanero de nacimiento, que se hizo compositor, guitarrista y profesor de guitarra, además de pintor de brocha gorda para paliar escaseces de la época. Un  músico reconocido internacionalmente por sus temas de impecable factura y diáfana belleza. Textos perturbadores, creativos y que nos son tan entrañables. Quizá en ello resida esa magia tan suya de deleitar a generaciones y generaciones de seres de un confín a otro del  orbe.

Y aunque se tenía más bien como guitarrista, hizo su debut como aficionado a los 19 años y en 1946 se estrenó profesionalmente, presentándose en emisoras radiales de la época y  en clubes y cabarets. Poco a poco, su música se fue difundiendo a los cuatro vientos, grabada por orquestas e intérpretes de diferentes países. Voces como Pedro Vargas, Lucho Gatica, Placido Domínguez, Luis Miguel, Nat King Cole, Cristina Aguilera, José Feliciano, Dany Rivera, Andy Montañéz, María Bethania , Dyango y muchos más se adueñaron de sus temas, versionándolos y consolidándolos en la cercanía de su música, eternamente enamorada.

Desde 1938 estrenó canciones propias, entre las que se destacaban Ave de paso y Más allá de tus ojos. Luego vendría, en 1950, la que se considera la canción  de sus canciones: Contigo a la distancia, esa antológica pieza que todos y todas alguna vez hemos hecho nuestra, porque como su autor acostumbraba a decir: “Era una canción que lo mismo podía cantársela un hombre a una mujer, que una mujer a un hombre”. En fin, era una  composición “con una vivencia tan universal, tan común, que se convirtió en una canción de todos”.

Ciertamente, son canciones que no pueden apartarse de nuestras vidas. Quizás porque nacieron con ángel, con ese raro sortilegio de las cosas que trascienden mas allá de la música y del corazón, como Contigo, Tú mi Delirio, Noche cubana, Realidad y fantasía y muchas otras, como Oh, valeroso Viet Nam, Canción a la canción, Son al son y Canción de los Juanes, todas de altísimo nivel.

Cesar Portillo de la Luz se hizo inmenso en las noches habaneras, donde buscaba, como tantos otros grandes de nuestra música, “la magia de la palabra” en el filin, en ese delirio expresado en el sentimiento amoroso, en el lenguaje toda emoción que hace vibrar los corazones imperecederamente.

Hombre sencillo y de gran cultura; elegante, fino, Cesar Portillo de la Luz no solo fue un difusor y defensor de la música cubana en todas sus aristas y una voz polémica en el ámbito de la cultura nacional, donde siempre enalteció el trabajo artístico y la cultura en general, sino que financió proyectos y causas que creía justas, como cubano y revolucionario que era.

A la distancia de su Contigo, de su voz grave conjurando la guitarra, de su cancionística  tan cubana y universal, el maestro del clímax romántico que fue Portillo de la Luz, continuará irradiando amores, nostalgias, realidades. ¡Qué mejor legado que esa trascendencia!

Be Sociable, Share!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *


*