La Pasión que los llevó al Moncada

Poco antes de su partida para el Moncada, los hermanos Santamaría, fueron a la casona familiar, en el antiguo central Constancia, en Encrucijada, en la central provincia de Villa Clara, a despedirse de los suyos. De regreso a La Habana, Haydée recordaría cómo cuando fueron a dejar la casa, su hermana Aida les advirtió que pusieran cuidado en no despertarle a la niña. Abel quiso cargarla y besarla, y Yeyé, premonitoria, dijo: “.Déjanos, a lo mejor es la ultima vez que la vemos”.

La víspera del asalto al Moncada, cargada con dos pesadas maletas llenas de armas, Haydée llegó a Santiago de  Cuba. Al descender del andén, un soldado se ofreció para llevarle las valijas. ¿Qué llevas, dinamita, le dijo el uniformado?”. Con una sonrisa, la muchacha le contesto  que acababa de graduarse y ejercería la carrera en Santiago, pero antes aprovecharía el Carnaval para divertirse un poco.”Usted seria un buen compañero, le invitó.” Su hermano Abel y Renato Guitar aguardaban en la terminal. Haydée, acercándose a ellos, les dijo: “Esa es la maleta.” Y añadió, señalando al soldado: “Es un compañero de viaje”. Después, en la granjita de Siboney, los chistes y las risas inundaron el grupo. “Boris (Luis Santa Coloma, novio de Haydee), ten cuidado con Yeyé, que tiene una cita con un soldado de la dictadura”.

A Boris lo conoció en la Universidad en 1952, en ocasión de participar en un acto de recordación a los estudiantes de Medicina fusilados por el colonialismo español el 27 de noviembre de 1871- La seriedad del muchacho, su carácter rebelde, pero noble y entusiasta, la sedujo desde el primer momento.

“Estábamos en la casa de Siboney. Melba, Abel, Renato, Elpidio (Sosa) y yo. A Renato se le ocurrió hacer un “chilindrón de pollo”. Me reí cuando lo dijo y empecé a argumentarle que no era un “chilindrón”, sino un “fricasé”. Mientras cocinábamos y sin interrumpir la conversación con Melba y Renato, mirando a Abel, pensaba en la ultima vez que estuvimos en el Central a despedirnos de los viejos y la familia”.

Ella y su hermano participaron desde el principio en lo preparativos del asalto. Juntos lucharon contra el golpe militar del 10 de marzo de 1952        que ensombreció a la patria. Por ese entonces, conoció a Melba y un instantáneo sentimiento de hermandad las unió. En el apartamento de 25 y O, en el Vedado capitalino, hogar de  los hermanos (hoy Museo Abel Santamaría), los combatientes encontraron la forma idónea de canalizar el potencial de lucha acumulado. Derivó de ahí la afinidad de las dos muchachas al grupo masculino y también la lealtad y adhesión sin límites a Fidel.

Sin mucho preguntar, asumieron de entrada la parte que se les asignó. No falto el deseo de protegerlas. Llevarlas al combarte resultaba penoso a la sensibilidad de Fidel. El razonamiento esgrimido por las dos mujeres fue concluyente: “Si estamos en pugna abierta contra cualquier tipo de discriminación, ¿por qué establecer en esto distinciones?

 

Junto con otros combatientes y Melba participó a las órdenes de Abel en el asalto al Moncada. En calidad de enfermeras, tenían el objetivo de apoyar a los asaltantes desde el Hospital Civil Saturnino Lora, en las inmediaciones del cuartel.

Después, la muerte de Boris y la de Abel. La muerte gobernándolo todo; y Yeyé queriendo asumir todos los riesgos para salvar a los demás. Los recuerdos punzaban la memoria. “Melba es la que recuerda todas las cosas con mayor exactitud. Yo no recuerdo con precisión las horas, tal vez ella tampoco ahora, después de tantas cosas y tantos años…”

El ataque al Moncada fue ahogado en sangre. Entre los torturados y asesinados estaban Abel y Boris Luis. En los recuerdos de Haydée estaba Melba, siempre tratando de protegerla y ella haciendo lo mismo con su hermana de lucha. Con Melba fue llevada a los calabozos del cuartel, donde trataron de quebrar su entereza, mostrándole un ojo ensangrentado de su hermano. Luego, en el juicio, las dos mujeres denunciaron los crímenes cometidos por la soldadesca.

“Y en ese momento una pueda arriesgarlo toda por conservar lo que de verdad importa, que es la pasión que nos trajo al Moncada; y que tiene sus nombres, que tiene su mirada, que tiene sus manos acogedoras y fuertes, que tiene su verdad en las palabras y que puede llamarse Abel, Renato,. Boris, Mario o tener cualquier otro nombre, pero siempre en ese momento y en los que van a seguir puede llamarse  Cuba.”

“Había ido al Moncada con las personas que mas amaba. Estos son los hechos que están fijos en mi memoria. No recuerdo ninguna otra cosa con exactitud, pero desde aquel momento ya no pensé en nadie mas, entonces pensaba en Fidel. Pensábamos en Fidel que tenía que estar vivo para hacer la Revolución. En la vida de Fidel que era la vida de todos nosotros. Si Fidel estaba vivo, Abel y Boris y Renato y los demás no habrían muerto, estarían vivos en Fidel que iba a hace la Revolución Cubana y que iba a devolverle al pueblo de Cuba su destino”.

 

 

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