Camino al Moncada

En las doctrinas de José Martí estaba la esencia de las ideas que necesitaba la Patria para arrancar de cuajo los males que sufría el pueblo y transformar sus estructuras socio política y económicamente.

Por ello 1953, año del centenario del Apóstol, fue de inspiración fecunda. Cuba contempló el nacimiento de nuevos héroes y heroínas, como Haydée Santamaría y Melba Hernández, participantes activas de aquel asalto a la historia que devino la acción del Moncada.

“Al principio, nosotros empezamos a preparar la gente para una supuesta lucha unitaria de todos los factores. Nosotros decidimos hacer una estrategia en lo militar, porque dijimos, bueno, esta situación es  nueva, solo se puede derrocar a Batista con el esfuerzo unido de toda la  oposición. La oposición empezó a hablar de lucha armada y nosotros empezamos a organizar el movimiento.

Para Fidel Castro, el joven organizador del ataque al cuartel Moncada, estaba claro que  la oposición de los partidos era pura farsa, pues no tenían capacidad ni los requisitos para realizar realmente una lucha armada revolucionaria y estaban engañando a todo el mundo. Entonces decidió tomar ese camino por su propia cuenta y elaborar  el plan del Moncada.

Entre agosto de 1952 y enero del 53 decurso la etapa de crecimiento y estructuración del movimiento, aunque continuaron produciéndose ingresos cada vez con mayor rigor selectivo, recordaría Fidel en el libro El Grito del Moncada, de Mario Mencía. Agrupados en unas 150 células, el movimiento llegó a contar con cerca de 1 500 hombres perfectamente adiestrados. Pero las limitaciones de armamentos redujeron la participación en las acciones del 26 de julio a hombres escogidos entre solo 25 células, concentrados estos en las dos provincias mas occidentales del país, La Habana y Pinar del Río y de las cuales existían células en casi todos los municipios, con énfasis en La Habana, Marianao y Artemisa.

Seguros de que iban a realizar una peligrosa misión, se adiestraron de forma discreta y encubierta. La casa de los padres de Melba Hernández, una de las dos mujeres participantes en la audaz acción, fue escenario de algunos de esos preparativos. Su madre. Elena Rodríguez del Rey y otras compañeras, se ocuparon de comprar las telas para confeccionar los uniformes de soldados que vestirían los jóvenes y de bordar los galones en estos. También el apartamento de 25 y O en el Vedado, donde vivían los hermanos Haydée  y Abel Santamaría, fue centro de reuniones de los complotados en aquel hito de la  historia cubana.

La discreción, la disciplina y la compartimentación en cuanto al acceso a la información fue, asimismo, un factor determinante para la seguridad de la organización.

Luego, en una operación increíble, los futuros asaltante se dirigieron desde la Habana hasta el Oriente del país: Para dirigir personalmente el ataque, Fidel llego en la madrugada del sábado 25 de julio de 1953. La víspera del domingo 26, en la granjita Siboney de Santiago de Cuba, los asaltantes conocieron del plan y recibieron las últimas instrucciones. La hora cero había llegado

“El Moncada pudo haber sido tomado, y si hubiéramos tomado el Moncada derrocamos a Batista, sin discusión alguna. Nos hubiéramos apoderado de algunas miles de armas. Sorpresa total, astucia y engaño al enemigo. Todos fuimos vestidos de sargento, simulando el antecedente del golpe de Estado de los sargentos dirigido precisamente por Batista, en el año 1933. (   ) Les hubiera llevado horas reponerse del caos y la confusión que se generaría en las filas, dándonos tiempo para los pasos subsiguientes”, confesaría luego Fidel al periodista francés Ignacio Ramonet.

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