¿A Qué Jugamos?

El juego tiene un papel vital en el desarrollo mental y físico del niño o niña; y ponemos por delante la capacidad mental porque preside la formación del carácter y su facultad para incorporarse al medio que lo rodea.

Contra lo que muchos piensan, los niños no juegan para entretenerse ni para dejarnos tiempo libre, sino porque es el medio por el que comprenden y se forman una visión del mundo y se integran a él. Jugando desarrollan sus aptitudes físicas, su inteligencia emocional, su creatividad, su imaginación, su capacidad intelectual, sus habilidades sociales., al tiempo que disfrutan y se entretienen.

Hasta los siete años aproximadamente el infante no distingue realidad de ficción y vive en una atmosfera mágica. Todavía no ha desarrollo plenamente su capacidad de abstracción, por lo que muchos pedagogos consideran inapropiados los intentos de “enseñarle”, en clave racional.

Muchos especialistas consideran que el desarrollo de la inteligencia humana tiene un” calendario” de desarrollo propio y cada etapa es fructífera si se asienta sólidamente en la anterior. En los primeros años de vida, el juego imaginativo y creativo constituye el fundamento para la aparición posterior del pensamiento abstracto y de facultades racionales más complejas.

Se sabe que hasta los tres años el niño o niña toma posesión de su propio cuerpo y progresa en el conocimiento del mundo que les rodea. Es una fase de experimentación con su cuerpo y con su entorno. Sus primeros juegos ser basan en la imitación. Juegan a desempeñar las mismas actividades que hacen los adultos, adquirie4ndo de esa forma habilidades útiles para la vida. Entre los teres y los cinco años es la edad de la imaginación. Son capaces de crear símbolos a partir de cualquier cosa

El juego bien dirigido ayuda al desarrollo mental del menor y cuando este juego es colectivo, o sea, con la participación de otros niños hace avanzar más rápidamente la mentalidad infantil y su facultad de asociación. Los juguetes demasiados sofisticados reducen la capacidad del mentor de imaginar y simbolizar a partir de formas básicas.

Jugar es para los pequeños un acto creativo de primer orden que no solo les ayuda a aprehender el mundo sino a resolver sus conflictos y dificultades. Es la edad del juego libre. Y creativo basado en la imaginación y por el que desarrollan su capacidad para inventarse historias a partir de cualquier cosa.

Para muchos padres, jugar junto a sus hijos les parece una perdida de tiempo, un”lujo” que no pueden darse. Y sin embargo, compartir los juegos infantiles no es solo una forma agradable, lúdica y gratificante de disfrutar en familia. Es también una oportunidad para recrearse con una relación de compañerismo mas allá de los roles establecidos de padre-hijo, un aspecto de la correspondencia familiar habitualmente descuidada, pero que puede llegar a ser de inestimable ayuda, por ejemplo, para capear con mayor estabilidad la turbulenta etapa de la adolescencia.

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