San Cristóbal de La Habana Entre el Presente y la Memoria

IMG_0198A San Cristóbal de La Habana la encontramos desde hace casi medio milenio asentada a la entrada de la bahía puerto seguro y reposado de su definitivo emplazamiento, tras viajar de sur a norte entre zonas bajas e insanas.  Hay que recurrir a la historia para rastrear la lógica de la decisión sabia que llevó a Pánfilo de Narváez a fundar la quinta de las villas cubanas, el 16 de noviembre de 1519.

Se dice que por entonces, una frondosa ceiba que el mito ha trocado en talismán de deseos, le regalaba su sombra, y que el tiempo, en su eterno empeño de ocultar intimidades, quiso envolver en halo divino tales  acontecimientos. Fuera lo que fuese, San Cristóbal de La Habana creció a la vera de aquella ceiba, que aun sin ser la misma, señorea en El Templete como la primera de su asentamiento.

La Habana es una ciudad marítima y marinera que desanda los tiempos a la luz de cada cumpleaños. Todavía hoy la rodean impresionantes fortalezas españolas del Nuevo Mundo. Sólidos palacios y fortalezas  de piedra que relatan sin palabras la historia de la vieja San Cristóbal. En toda la toponimia del caminante, el más allá se funde con el más acá, la ciudad de las columnas y la simbólica Giraldilla con el. Castillo de los Tres Reyes del Morro y el rutilante Malecón habanero. El reino de este mundo entre el presente y la memoria. Esta es la herencia cultural que hizo que la UNESCO la declarara en 1982 Patrimonio, de la Humanidad. Y es que en La Habana vive lo interesante y lo ancestral, lo folclórico y lo popular y deslumbrante.

Preservar ese legado asomados a las urgencias de la modernidad es para la capital de todos los cubanos y las cubanas, salvar para la memoria las luchas y los sueños de sus pobladores, incorporando el pasado a su presente.  Ese equilibrio entre el arte y la vida, la cultura y la historia, la tradición y la modernidad, son las señas sobre la que se construye la nueva identidad de la capital cubana.

Engalanada de luz y color, de sol y mar,  La Habana de nuestros sueños y realidades festeja como cada 16 de noviembre  el aniversario 494 de su fundación La gran urbe habanera, con sus mas de dos millones de  habitantes, resume patriotismo y sentido de pertenencias en cada una de sus piedras, alentando tradiciones, certificando historias, alentando leyendas.

Esa es mi ciudad, la suya, la de todos los cubanos y cubanas que amamos ese pedazo de geografía patria batida por la brisa del mar. Una capital solidaria y alegre, incitadora y vital. Si, porque La Habana es su gente, el olor de su mar, su cielo esplendoroso, sus calles, plazas, avenidas y barriadas, sus rutas y andares. Una metrópoli que a contrapelo de dificultades y carencias nos convoca a que le retribuyamos en cuidados y amor, cuanto de hermoso nos ha legado, alentando el presente y el mañana de sus mejores hijos.

Con esta disposición de ánimo se hace realidad el empeño de rescate. Proceso de restauración con una atinada proyección sociocultural en su obra. Imagen renovada de una urbe que no reniega de su pasado sino que lo incorpora a esa herencia intangible que se lleva en el corazón y en la memoria.

Habanera al fin, pienso que la capital de todos los cubanos y las cubanas es una ciudad para llevarla puesta y andar con ella, como el bastión de fortaleza y cubania que es.

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