Adolescencia, Edad Difícil

adolescenteLa adolescencia continua siendo la etapa de la vida menos comprendida por los adultos.  Especialistas infanto-juveniles aseguran que los supuestos defectos de los adolescentes son peculiaridades de la edad que se distorsionan y convierten en rasgos negativos de la conducta cuanto el  adolescente carece de buena formación o se encuentra desorientado.

Es una etapa de  cambios y de crisis. Como proceso evolutivo del desarrollo psíquico del  niño y de la niña, aparece aproximadamente entre los 10 y los 16 años de edad. En dependencia del proceso de maduración, de factores biológicos y sociales, incluyendo la educación en la escuela, el hogar y en la comunidad.

Según el doctor Raúl Fuilleras, este referente está dado por los cambios que se producen, y por las contradicciones que estos provocan y que hacen que ocurran transformaciones importantes para el desarrollo de la personalidad.

En la adolescencia el proceso de crecimiento se acelera, produciéndose lo que muchos llaman el “estirón”. Aumenta la masa muscular y se desarrollan y maduran órganos como el corazón y los pulmones, y se inician los cambios biológicos que preparan al organismo para la función reproductiva. Es decir, dentro del punto de  vista biológico y físico hay  un crecimiento y una madurez sexual que son factores muy significativos en e4sas edades. En lo psicológico, dice el Doctor Fuilleras, hay una crisis de  la auto conciencia.

Los especialistas aseguran que en estas edades hacen crisis todos los fallos de la educación recibida en la infancia. Por ejemplo, el niño o niña que fue criado en el egocentrismo, acentuara su egoísmo al arribar a un periodo en que una gran carga psicológica lo obliga a concentrar demasiado la atención en sí mismo.

Comienzan a interiorizar conscientemente quienes son, y además autodefinen sus gustos, preferencias y comportamientos, lo que trae contradicciones en su mundo emocional. . El afán por pertenecer a un grupo, por incluirse y ser aceptado en el mismo, preocupa, absorbe y complica (según la personalidad del adolescente) al joven o la jovencita en cuestión. Es un período en que se pugna por liberarse de la tutela familiar, y las imposiciones sólo  agudizan la rebeldía característica de la edad. De ahí que la independencia que se le conceda debe discutirse con él o ella. De forma tal, que sientan el reconocimiento a su nueva condición, pero que también encuentren comprensión y sepan el por qué de las limitaciones que se les imponen.

A los adolescentes no les gusta comportarse como niños o niñas, porque realmente no los son, pero no pueden expresarse plenamente como adultos, porque tampoco lo son. Todo ello forma parte de los inconvenientes que tienen que enfrentar los padres y demás familiares. Si a lo anterior añadimos que son muy críticos hacia loa mayores y poco autocríticos, aparte de ser incapaces de reconocer sus limitaciones, pues los conflictos están a la mano entre unos y otros.

Algunos tratan de oponerse a la conducta del adolescente con un rigor excesivo; otros admiten hasta sus acciones impropias como un fenómeno, un mal que pasará con el tiempo; hay quienes solo saben lamentarse y NO resuelven nada; también existen los que se despreocupan del muchacho o la muchacha y lo dejan campear por sus respetos. Todas son actitudes erróneas que repercuten en la formación del adolescente, el cual se vuelve conflictivo precisamente a causa de los malos métodos empleados por los adultos

Lo más sensato es actuar forjando un clima de identificación entre padres e hijos; establecer un proceso de retroalimentación sin límites. Escucharlos para conocer como están orientados y tratarlos con mucho respeto, con el objetivo de ganar su confianza y aplacar la rebeldía, que si no es combatida pudiera derivar en males mayores .Asimismo, hay que hacerlos participar de las decisiones familiares y darles algunas responsabilidades dentro de la familia y la escuela. Haciéndoles ver que queremos llegar a acuerdos con ellos y ellas, aunque dentro de un marco de normas y principios establecidos por la familia.

Urge, pues, entender que la independencia en esta etapa resulta una necesidad vital, por lo que demanda la mayor comprensión de la familia, y una vigilancia disimulada, inteligente, que no lastime sus aspiraciones a la autodeterminación y el ejercicio del criterio., al tiempo que los preparamos para que vivan su vida con  respeto y felicidad.

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