Madurez y Aprendizaje

1Durante la infancia tiene lugar una maduración intensiva del organismo, en particular del sistema nervioso y el cerebro. En los primeros siete años de vida, la masa cerebral crece aproximadamente tres veces y media, variando su estructura y perfeccionándose las funciones.

Así vemos como el niño recién nacido inicialmente tiene poca movilidad y sus movimientos son desordenados. Ya más maduro, es capaz de sentarse, gatear, caminar. De esta forma va venciendo los distintos niveles evolutivos hasta lograr un pleno desarrollo y su conversión en adulto.
El niño o niña no nace con conductas pre hechas, pero posee la facultad de adquirir el caudal que le trasmitan las condiciones de vida y la educación recibidas
Para los especialistas, la capacidad de aprender y una extraordinaria plasticidad son las particularidades más importantes del cerebro humano, que lo diferencian del animal. Según madura este órgano fundamental, el infante avanza en su desarrollo psíquico, logrando gradualmente las adquisiciones que le permitan realizar un aprendizaje cada vez más sistemático y dirigido.
En el proceso de educación preescolar, el menor asimila las distintas habilidades que le permiten desenvolverse en su medio: aprende a vestirse, a comer, a dibujar, a emplear correctamente los objetos a su alcance y asimismo, a actuar de acuerdo con las normas morales. Todo ello es el producto de la herencia social recibida y la necesidad de actividad inherente al ser humano, pero para que este proceso transcurra normalmente, debemos tener en cuenta las diferentes fases de desarrollo.
La experiencia de la vida diaria comprueba lo impropio de violentar las etapas evolutivas con el afán de acelerar el aprendizaje. Esto, lejos de tener éxito, puede causar daño, pues los niños se sienten presionados ante la imposibilidad de realizar acciones o comprender cosas que están por encima de sus capacidades.
No tiene sentido mostrarle a una criatura de pocos años como se escriben las letras, o hablarle a uno de cinco sobre alguna operación matemáticas. Con ello solo se logra confundirlo. De ahí que se debe de ajustar el método de enseñanza al nivel correspondiente de desarrollo.
Eso sí, nunca dejemos sus preguntas sin respuestas. Aunque algunas cuestiones no sean fáciles de explicar, siempre habrá una forma de satisfacer su natural curiosidad. También resulta muy provechoso para su aprendizaje general leerle a menudo cuentos propios para sus años, y mostrarle las láminas de los libros, pues todo esto contribuye a despertar sui interés y a estimular su actividad psíquica. Según vaya creciendo, podemos ir encomendándole pequeñas tareas que lo hagan sentirse responsable y desarrollen su iniciativa y habilidades.
Si en un principio no concluye su cometido o comete errores, no hay por qué regañarlo ni desesperarnos, al contrario, lo indicado es orientarlo y estimularlo para que persista en el propósito

Durante la infancia tiene lugar una maduración intensiva del organismo, en particular del sistema nervioso y el cerebro. En los primeros siete años de vida, la masa cerebral crece aproximadamente tres veces y media, variando su estructura y perfeccionándose las funciones. Así vemos como el niño recién nacido inicialmente tiene poca movilidad y sus movimientos son desordenados. Ya más maduro, es capaz de sentarse, gatear, caminar. De esta forma va venciendo los distintos niveles evolutivos hasta lograr un pleno desarrollo y su conversión en adulto.
El niño o niña no nace con conductas pre hechas, pero posee la facultad de adquirir el caudal que le trasmitan las condiciones de vida y la educación recibidas
Para los especialistas, la capacidad de aprender y una extraordinaria plasticidad son las particularidades más importantes del cerebro humano, que lo diferencian del animal. Seg

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