Cantata por la Educación

Dailyn se esfuerza en concluir con éxito la licenciatura en Yipsi-Moreno-580x346Cibernética, mientras la Doctora Annia, realiza un Máster afín a su especialidad de otorrinolaringología, y jovencitas como Gabriela y Melissa se preparan desde ya para las pruebas de ingreso a la Universidad. Ellas son parte de una sociedad que tiene en las mujeres la mejor expresión del desarrollo alcanzado en la vida social, política y económica del país.

Pero no siempre fue así. Los de menos edad, quizás desconozcan o sepan poco de hitos que, en su devenir tejieron historias y forman parte imprescindible de lo que somos y queremos ser. De hecho, lo que empezó con la búsqueda de un puesto en la producción y el deseo de capacitarse y ser más útiles socialmente, fue enriqueciéndose con el devenir cotidiano y conquistando altas cotas de responsabilidad y liderazgo.

Con la Revolución llegó el cambio y con este la inserción plena de las mujeres a una sociedad que las vincula a su día a día, a partir del merecimiento alcanzado y el espacio que ocupan en sectores claves de la economía, la ciencia  la cultura, el deporte. Por ejemplo, son el 66% de los profesionales y los técnicos, lo cual deriva en una cifra superior al 60% de las estudiantes universitarias y el 81,9% del sector educacional, con el 48% de la fuerza laboral estatal dominada también por las mujeres, influencia mayoritaria además, en el Parlamento cubano, donde mantienen el 48,66% de los escaños.

Con saya o pantalones, maquilladas o no, en tacones o sandalias, no hay obstáculos para que la mujer escale puestos y ensanche horizontes. Tozudas, inteligentes, eficientes, ellas se emplean a fondo a la hora de vencer prejuicios y limitaciones de género y, sin abandonar la familia y su propio desarrollo sociocultural, amplifican su universo laboral y promocional y asumen nuevos escenarios, en correspondencia con sus potencialidades, razones y deseos de emanciparse, si bien aun subsisten rezagos y dilaciones para colocarlas en oficios que algunos consideran impropios para ellas.

Actora y beneficiadora en el proceso educativo iniciado, la mujer, inmersa en la lucha revolucionaria, se alistó como maestra voluntaria en las aulas recién creadas y subió a las montañas para formarse en el magisterio. Otras, se alfabetizaron o se enrolaron en las brigadas de alfabetizadores para llevar la enseñanza a todos los rincones del país. Decidida a contribuir con su aporte a su realización personal y social, se incorporó a la producción y a los programas de superación en igualdad de posibilidades y oportunidades con los hombres. Más que un sujeto de mero cambio, devino participe activa de la realidad del momento, recibiendo en un proceso permanente de interacción los beneficios del Sistema Nacional de Enseñanza, a la par que contribuía con su esfuerzo a elevar el nivel educativo imprescindible para su propia superación y la de sus hijos.

Las Escuelas de Campesinas “Ana Betancourt”, en la que mas de 150 000 muchachas procedentes de las aéreas rurales del país se graduaron tras recibir clases de corte y costura y de superación general básica, y la de las domesticas, que capacitaron a más de 20 000 jóvenes que luego se integraron a diferentes esferas laborales, marcaron el boom que cambio radicalmente el panorama educacional femenino de aquel ayer, que tuvo en la Campaña Nacional de Alfabetización, la primera etapa de esta ofensiva contra la ignorancia.

Entre 1960 y 1975 hubo un crecimiento global de la escolarización y las mujeres fueron escalando peldaños en la educación media y superior, una vez alcanzado el sexto y noveno grados y la enseñanza preuniversitaria y universitaria. Avances que fueron multiplicándose a medida que se iban calificando técnica y profesionalmente. Su ascenso a la fuerza laboral activa y a la investigación científica, así como su incorporación a cargos de dirección y de alto nivel institucional, muestran más allá de cualquier cifra, la articulación de una voluntad política y personal, toda vez que cuentan con el respaldo de la organización que las rige, la FMC.

Todo esquema de desarrollo que prescinda de la educación y la cultura generará decadencia. A la disposición de ánimo, capacidad profesional y compromiso de  nuestras mujeres, se deben muchos de los resultados que hoy se obtienen en campos como en el deporte, la medicina y la educación, en la que la presencia femenina trasciende los confines patrios para desdoblarse en respaldo y solidaridad palpables.

Sin desconocer que no somos perfectas y mucho menos conformistas y que queda un buen trecho por recorrer en el camino de las insatisfacciones, una de ellas, continuar derribando estereotipos  a favor de una verdadera equidad e inclusión social, sí apostamos por el legado patrimonial recibido y que nos hace un pueblo potencialmente rico en recursos humanos, reflejo de las más hermosa de las obras revolucionarias: la educación.

Be Sociable, Share!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *


*