Entre Miedos y Pesadillas

En las edades tempranas los niños son muy asustadizos. a actitud_DSC2028 es frecuente entre los dos y los seis años y NO tiene mayor importancia. Es una reacción normal que todos los infantes experimentan en algún momento de sus vidas. Además, según algunos especialistas, resulta “saludable”, porque comporta una serie de cambios fisiológicos que les permiten afrontar mejor las situaciones difíciles.

El problema es cuando esta situación de alerta se mantiene de forma repetitiva, ya que genera un estado de ansiedad que provoca tensión y desgaste físico. Aunque NO siempre resulta fácil de determinar, se produce la mayoría de las veces por la imprudencia de los adultos. Asustarlos con la oscuridad, los animales y otras cosas NO es un recurso para imponer mando y sí podrían afectar la personalidad infantil.

Gran parte de los temores infantiles son producto de experiencias directas con determinados estímulos. Por suerte, son pasajeros, y desaparecen a medida que van creciendo. Los hechos que provocan ansiedad o tensión, como la hospitalización de algún ser querido, una disputa familiar, la separación de los padres o cualquier cambio que afecte su rutina o sus sentimientos y relaciones con otras personas le producen  aprensión.

NO siempre los miedos son causados por causas externas. Muchos de los niños que dicen asustarse de la oscuridad, lo que sienten es temor de sus propias fantasías que afloran por la noche, cuando están a solas y se creen desprotegidos, lo que les causa verdadero terror. De los temores infundados se derivan consecuencias que entorpecen el normal desarrollo infantil, por ello NO han de abordarse con ligereza ni tomarlos a broma .Que un niño sea más miedoso que otro NO depende únicamente de su carácter o sexo, sino de su sensibilidad, su imaginación, el ejemplo que le den sus padres y la manera en que manifieste sus sentimientos.

En las primeras edades resulta común que tengan pesadillas. Estos malos sueños producen en el infante sensaciones de angustia o ansiedad. Ocurren, generalmente en la segunda mitad de la noche, cuando el sueño es mas profundo, provocando que se despierte aterrado de las visiones nocturnas que tuvo.

Lo aconsejable es distraer la atención del niño de aquello que lo atemorice, calmarlo para que deje de sentir temor y vuelva a dormirse. Por supuesto, NO deben ver o escuchar programas y cuentos terroríficos o de violencia y nunca reírse de sus aprensiones o tildarlo de cobarde, sino alejar de la mente infantil las imágenes fantasiosas y prepararlo ante cualquier perspectiva que lo inquiete.

 

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