La certeza del triunfo

Los ojos oscuros y profundos de la esclava de origen lucumí, Carlota, ardían como carbones aquella noche del 5 de noviembre de 1843. La sublevación que capitaneaba junto con otros esclavos negros de la dotación del ingenio Triunvirato, en la zona de Limonar en la occidental provincia de Matanzas, requería del factor sorpresa y del rápido desplazamiento de los involucrados. Luego de atacar al mayoral y sus secuaces, incendiar la casa de vivienda, así como una parte del ingenio y liberar a los esclavos, los sublevados tomaron el camino del monte.

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El ejemplo de Carlota, Fermina, Felipe Juan, Narciso y otros esclavos de Triunvirato extendió la rebelión por otras fincas y cafetales del territorio matancero. Sus líderes combatieron y resistieron heroicamente el empuje de las fuerzas colonialistas españolas, pero la represión devino cruel matanza: Fermina fue apresada y ejecutada. Carlota murió combatiendo en el sangriento encuentro del ingenio San Rafael, último lugar al que llegó para fomentar la subversión contra los opresores en su intento por liberar a otros esclavos.
132 años después, en la tranquilidad de una fresca mañana habanera de noviembre cinco de 1975, se dio inicio a la Operación Carlota, que más que un homenaje a la digna esclava que encabezó dos sublevaciones contra la dominación colonial, fue el pago de una deuda histórica a su estirpe africana. El día 11, partieron las primeras fuerzas internacionalistas cubanas.
Ninguno de los más de 400 mil cubanos que formaban parte de aquella operación para salvar la independencia e integridad territorial de la República Popular de Angola, tuvo conciencia de que iban a hacer historia, ni de que protagonizarían heroicas jornadas de lucha, solidaridad y altruismo, defendiendo la libertad de un continente que les era tan cercano en sus raíces, como lejano en su geografía
Desde el mismo comienzo de la guerra, la superioridad numérica del enemigo en fuerzas y medios resultó aplastante. Realidad que nuestras fuerzas contrarrestaban buscando la forma de atacar al adversario y de arrebatarle la iniciativa con inteligencia y audacia. Con la introducción masiva de tropas cubanas, la guerra en todos los frentes de combate dio un vuelco que condujo a la liberación total del país.
Dicen que cada hombre y mujer viven sus propias experiencias que recuerdan con orgullo y amor, o con dolor, angustia e indignación. Son jalones de vida que obligan a crecerse y alcanzar el máximo potencial de sí mismo en aras de una idea justa.
Algo así debió de sucederle a ese contingente de hombres y mujeres de pueblo que aquel día crecieron ante la historia. Sí, porque si la proeza y el mérito se repartieran para hacer de la solidaridad un deber de conciencia, los que hace 40 años se fueron a Angola no solo estremecieron el sur del continente africano, sino que contribuyeron de manera decisiva a liberar del yugo colonial a otros pueblos y al final del apartheid, protagonizando indelebles páginas de heroicidad.
Padres, hijos y hermanos regaron con su sangre la tierra generosa de Agostinho Neto; y no solo midieron el valor del sacrificio en las causas nobles, sino que regresaron con la victoria conquistada a sangre y fuego en las trincheras y el tributo de los combatientes allí caídos, además del agradecimiento eterno de los que en Angola y toda África nos ven, no como conquistadores, sino como verdaderos amigos.
Y como las mujeres cubanas no somos de las que nos gusta aguardar tranquilamente en casa, mientras las cosas que nos competen y estremecen toman vuelo de gesta, ellas resumieron el espíritu con que se trabajó y luchó en Angola. Médicas, enfermeras, maestras, colaboradoras civiles, artilleras, periodistas, constructoras, formaron parte de aquel hito que trascendió fronteras. Su inclusión en aquel contingente de soldados y oficiales de todas las armas que partieron a Angola, nació como idea durante los preparativos del Primer Congreso del Partido ese mismo año de 1975, y enseguida fructificó con la creación de un contingente especial femenino para ir a Angola y cumplir allí diferentes responsabilidades.
Fue Vilma Espín, la eterna Presidenta de la Federación de Mujeres Cubanas, quien con su visión y sensibilidad de siempre, adelantó que las mujeres estarían prestas a cumplir cualquier misión internacionalista Una historia de participación en todas nuestras huchas y guerras, avalaban su integración a la Operación Carlota. Con su ejemplo, amor y ternura ratificaron las palabras de Fidel entonces “Si hiciera falta un millón de cubanas, un millón de cubanas estarían dispuestas a marchar a cumplir esta misión internacionalista”.
Así, bajo el prisma de seleccionar compañeras con profesiones y oficios que pudieran ser muy necesarios en aquel país, se escogieron las futuras internacionalistas, las que, previamente, fueron entrenadas militarmente. Mujeres como Aracely Careaga, al frente de la Compañía Especial FMC-FAR; Vilma Salinas, colaboradora de la Misión Civil en Angola: la Mayor, Doctora Teresa Pedraza; o Mayte Pérez, cuya misión era dar apoyo a los aviones caza, a los helicópteros y a los pilotos en general, entre otras numerosas integrantes del prestigioso grupo femenino. Incluso las que no fueron, entregaron sangre de su sangre a esa lucha, como Elidia Georgina Ortiz, quien después de perder a su hijo fue al Comité Militar para que alguno de los ocho hijos que le quedaban terminara la misión inconclusa. O Evangelina Cuesta Álvarez, la única madre de Cuba que solicitó cargar y trasladar ella misma los restos de su hijo, Rolando y que años después despidió a Omar, el más pequeño, diciéndole: “Cuídate y regresa”. Compromiso que el muchacho cumplió.
En Angola ayer, como hoy en tantísimas otras misiones encaradas por nuestro pueblo, ayudando a los más desposeídos; llevando por el mundo sus saberes y energías, colaboradores y colaboradoras cubanas aúnan esfuerzos y dan un ejemplo de solidaridad verdadera, esa que nace del corazón.
Muchas y muchos volvieron para participar en la reconstrucción del país, que en la actualidad exhibe grandes adelantos en su infraestructura económica y social. Solidaridad cubana que se expande por toda África, Asia y América Latina en campos como la salud, educación, cultura, técnica, ciencia y otras esferas de la vida. .Bello regalo de las cubanas y los cubanos que abrazamos el internacionalismo solidario que nos enseñaron Fidel y Raúl, seguros (a) de seguir haciendo historia. Siempre con la certeza del triunfo y la gloria conquistada.

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