La Independencia: Una Necesidad

La niña y el niño crecen y exigen sus derechos. El primero, que se tenga en cuenta su opinión a la hora de decidir cualquier asunto referente a su persona. Por eso protesta y se rebela cuando le dan una orden que le parece improcedente.

A estas alturas de la vida, cursan la enseñanza media y son capaces de razonar con valoraciones críticas sobre cuanto lo rodea. Más casi siempre continuamos tratándolo de la misma manera que cuando eran pequeños. No valen razonamientos. Solo deseamos ser obedecidos sin tantos “peros” ni explicaciones.
Pero para el adolescente, comienza el proceso de la exigencia de derechos más concretos: salir con el grupo, irse a un campismo, pasarse el fin de semana en casa de alguna amistad. Si no es complacido, se rebela. Reacción natural en la adolescencia para reafirmar su personalidad. En esta etapa su más grande aspiración es sentirse hombre o mujer, sobre todo, dueño absoluto de su persona.
Lo más aconsejable es actuar forjando un clima de identificación entre padres e hijos, estrechando más los vínculos de afectividad y dialogo. De hecho, hay que establecer un proceso de retroalimentación sin límites, con el fin de ganar su confianza y aplacar la rebeldía, que si no es combatida de la forma explicada, pudiera derivar en otros males mayores.
La mayoría de los adultos no recuerdan que un día fueron adolescentes y lo que pensaban y sentían entonces. Y no hay que ir muy lejos en cuanto a edades, sabemos de padres jóvenes que se ven impotentes de actuar con los hijos adolescentes y entonces apelan a los gritos, los castigos y las actitudes intolerantes, olvidando que en un ayer no lejano, provocaron idénticos o mayores dolores de cabezas a los suyos. Este es el punto más problemático para los padres responsables, pues los despreocupados simplemente se arreglan permitiéndoles que hagan su voluntad. Son aquellos que se desatienden del hijo (a) y optan por darle rienda suelta, sin saber diferenciar entre una libertad proporcional y el libertinaje desenfrenado.
Lo importante ir “soltando” al adolescente, mientras se tiene en cuenta el grado de responsabilidad y madurez adquiridas ante los estudios, la familia y la sociedad. Que sepa que la independencia que se le concede está sujeta a limitaciones; enseñándole que aún no es dueño totalmente de sus acciones porque la vida está compuesta de etapas y él o ella no ha arribado a la de su plena independencia personal. Para ello tendrá que terminar sus estudios e independizarse económicamente; ahora sus padres se ocupan de que no le falte nada y la mejor manera de corresponder al desvelo familiar es con una conducta adecuada y un clima de identificación y respeto. De ahí la importancia de establecer una comunicación constante con el adolescente, con el fin de ganar su confianza y estima20140202_145226-2

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