La Verdadera Responsabilidad

A sus cortos 10 años, Danielito sobresale entre otros niños de suNiña cubana aula y entorno familiar y del barrio. Sin dejar de ser un muchacho alegre y travieso, destaca por sus modales y sociabilidad. Se muestra solidario con sus compañeros de clase y otros niños: y también con las personas mayores.

Danielito es de esos pequeños que cuando llama por teléfono o toca a una puerta en busca de un amiguito, saluda, procura con un “por favor, está fulanito”, y luego da las gracias. La educación le viene muy de cerca, pues sus padres y demás familiares se lo han inculcado desde temprana edad, a sabiendas de que en cada etapa se deben de lograr las formaciones esenciales en la trasmisión de determinados valores, entre ellos, enseñarlos a respetar y a ser responsables y sensibles
Según los estudiosos de la conducta, no puede esperarse que los niños desarrollen responsabilidad y muestren respeto hacia los demás, si en su casa están influidos por una actuación familiar desvalorizada. Los padres de Danielito, por ejemplo, han mantenido una coherencia educativa con el chico. La pareja tiene conciencia de que la verdadera responsabilidad comienza apenas el niño abre los ojos, y que le asiste el derecho no solo a desarrollarse en un ambiente físico sano, sino espiritualmente benéfico.
Preceptos y sensaciones que se trasmiten a través de la palabra y del ejemplo. Eso quiere decir, una atención permanente sin altas ni bajas, sin intimidaciones ni mansedumbres y reconociéndoles sus aciertos, dedicación y buenos procederes, lo que le permitirá ennoblecer vida y darle objeto
No resulta ocioso reiterar que es en el seno familiar y no en ninguna otra parte, donde comienza la preparación social de nuestros hijos y el proceso de asimilación de las moralidades. Sabido es que los niños nuestros disfrutan de los derechos establecidos para la infancia y la adolescencia, no solo desde el punto de vista institucional, sino desde los códigos éticos y el sistema de valores de nuestra sociedad, que rechaza cualquier acto que signifique vejar a un menor, ya sea física o emocionalmente
De hecho, virtudes cardinales como la honradez, la responsabilidad, el patriotismo, el respeto, la vergüenza, deben ser una práctica recurrente en el trabajo formativo del hogar y de la escuela. De esto se deriva que para desarrollar en los niños cualidades y aptitudes que los lleven a convertirse en buenas personas, hay que hacerlo desde la guía y el ejemplo.

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