Adolescentes en Tierra de Nadie

imagesA sus 13 años, Daniela se duele de estar en desventaja con su hermano de 15. Ella quiere que la dejen salir sola con su grupo de amistades y que le den más libertad para hacer lo que quiere, sin tanta rutina, según alega.

Como proceso evolutivo del desarrollo humano, la adolescencia es una etapa de cambios y de crisis. Durante la misma aparecen necesidades nunca antes sentidas con tanta intensidad, sobre todo la de autoafirmación y la de independencia. Quizás lo más difícil para ellas y ellos resulte lo indefinido de su situación, a veces los tratamos como niños, otras les exigimos como si fueran adultos y ellos mismos se perciben un poco en “tierra de nadie, pues se sienten pertenecientes o excluidos a la vez del mundo infantil que van dejando atrás y del mundo adulto que les da la bienvenida. Y aunque necesitan aún mucho de nosotros, ya no somos su compañía favorita, ahora lo son sus amigos.

Se plantea que la adolescencia es una etapa de aprietos por los muchos cambios que se producen y por las contradicciones que estos provocan. Según investigadores, estos fenómenos hacen que ocurran transformaciones importantes para el desarrollo de la personalidad. Desde el punto de vista biológico y físico, hay un crecimiento y una madurez sexual que son factores muy significativos en estas edades. La maduración sexual es uno de los rasgos distintivos de esta fase, se acentúan las formas, se “estiran” de pronto, y van emergiendo figuras juveniles que a los padres nos enorgullecen y preocupan a la vez. Lo importante es percibir la etapa como normal, aunque espinosa y generadora de cambios. En ella se definen gustos, preferencias y conductas, surgiendo, asimismo, emociones contrapuestas en su estado psicológico.

De una a otra generación pueden apreciarse cambios en sus intereses, predilecciones en el vestir y el peinado, en las formas de manifestarse y hasta en los estilos adoptados, determinados por las influencias sociales y culturales que sobre ellos se ejercen y que varían con los años.

Adentrándonos en su psicología, comprobamos que los “defectos” son peculiaridades de la edad que se distorsionan y convierten en rasgos negativos de la conducta cuando el joven carece de una buena formación o se encuentra desorientado. En estas edades hacen crisis todas las fallas de la educación recibida en la infancia. De hecho, los padres deben evitar las actitudes autoritarias y paternalistas, sin dejar de ser firmes y comunicativos, reconociendo en los hijos nuestra propia obra.

Todo aquel que ha tenido o tiene hijos e hijas adolescentes, se preocupa y a veces no sabe ni cómo actuar ante determinadas circunstancias. El proceso de maduración que implica la etapa, puede dar lugar a cambios positivos en la persona, pero la familia lo asocian a los periodos de confusión, incertidumbre y hasta infelicidad que experimentan algunos e estas edades.

Algo si hay que tener claro, no podemos estar enjuiciándolos todo el tiempo ni valorarlos superficialmente. Tratando de solucionar sus dificultades les hacemos daño porque nos pasamos la vida resolviendo por ellos, a la par que les exigimos responsabilidad y decisiones acertadas, sin darle oportunidad de ejercitarse en ese sentido.

Un requerimiento, son los controles, aunque  los jóvenes crezcan rápidamente, los padres todavía son sus mantenedores y por lo tanto, los que ponen las reglas del juego, aunque algunas de estas puedan ser negociadas. Pautas sensibles, razonables y adecuadas, y menos restrictivas también, que serán la base de su seguridad y que ayudaran a reducir conflictos.

Y algo fundamental, saberlos escuchar, sobre todo para comprobar cómo están orientados y ser una fuente de consejos, dialogo y simpatía. Si saben que acudiendo a sus padres estos no lo sermonearan o criticaran por cualquier cosa, buscaran en ellos un poco de complicidad y un mucho de confianza y seguridad.

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