Epopeya inolvidable

indiceEl 22 de diciembre de 1961, la bandera que declaró a Cuba Territorio Libre de Analfabetismo, flameó gallardamente en la hoy Plaza de la Revolución Jose Martí. Más de cuatro siglos de ignorancia fueron barridos por el huracán de lápices, faroles y cuartillas desatado por las manos puras de un joven ejército de bisoños maestros.
Fidel lo había anunciado al mundo en la tribuna de las Naciones Unidas; se daban los primeros pasos en cumplimiento del Programa del Moncada. Sin casi recursos, pero con el empeño de enseñar a los que no sabían, más de 270 000 jóvenes se integraron al Ejercito Alfabetizador. Casi 55 000 de ellos eran muchachas provenientes de todos los rincones de Cuba, muchas de las cuales se asomaban por primera vez a la dura vida del campo En esa tarea también estuvo la mujer, que alfabetizó en centros de trabajo y asumió distintas tareas de apoyo a la campaña. Para quienes vivieron aquellos días, 55 años en el tiempo, aquella cruzada devino epopeya inolvidable.
A modo experimental se crearon grupos pilotos para disponer las futuras brigadas alfabetizadoras, conformadas por alumnos de Secundaria Básica e Institutos Preuniversitarios. Adolescentes casi niños que partieron a regiones aisladas y de difícil acceso a llevar la luz de la enseñanza. Fue una campaña inédita en el mundo, teniendo en cuenta que la entonces recién nacida Revolución se enfrentaba a continuas agresiones, como la invasión mercenaria de Playa Girón, lanzada en abril de ese año.
En 12 meces Cuba redujo su índice de analfabetismo a 3,9 por ciento. Más allá de sus resultados educacionales, el hecho constituyó una escuela formadora y un factor de integración nacional para nuestro pueblo que aprendió a enfrentar las grandes tareas de una Revolución en marcha.
La Campaña Nacional de Alfabetización fue un reto para aquella muchachada que a fines de diciembre de 1961 invadió la Plaza para decirle a Fidel que habían cumplido y demandar nuevas tareas que hacer. Hito sin precedentes de una acción que trascendió fronteras y que según la calificó la UNESCO en su momento, constituyó” una difícil conquista lograda a fuerza de trabajo, de técnica y de organización”.
De aquel 22 de diciembre de 1961 en que la Campaña de Alfabetización encauzó la enseñanza por derroteros firmes, a la vez que resolvía como ofrecer educación a todo el pueblo, nació la tradición justa y bella de rendirles redoblado homenaje a los educadores. Los logros alcanzados en la enseñanza cubana hoy día son parte de la historia y del esfuerzo de ese ejército de brigadistas alfabetizadores, gran parte de los cuales asumieron con empeño formador la docencia, como ejercicio de una profesión que demanda consagración y entrega total.
Simiente de aquella épica jornada alfabetizadora lo constituye el método Yo si puedo, diseñado por Cuba para enseñar a millones de iletrados y que ha sido aplicado en más de 100 países, entre ellos, Venezuela, México, Ecuador, Bolivia y Nicaragua, con eficacia probada.
La obra alfabetizadora fue la semilla, hoy se recogen los frutos.

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