Las Agujas del Tiempo

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En nuestros días, el conflicto de la edad se manifiesta con amargura y crudeza, porque la mayor dificultad en muchas partes del mundo es, precisamente, alcanzar la vejez. La desigualdad ante la muerte es consecuencia también de la desigualdad social ante la vida.

Las estadísticas son claras y vale recordarlas. Para el año 2050 Cuba se ubicará entre las naciones mas envejecidas del orbe y para el 2020 existirán más ancianos que niños, lo que implica el advenimiento de una sociedad de adultos mayores, necesitada de empeños dirigidos no solo hacia la protección de la salud y la seguridad social, sino más participativa en su desarrollo y entorno amistoso y solidario.

Elevar la calidad de vida de este cada vez más creciente sector poblacional, involucrarlos en actividades diseñadas a sus preferencias, atenderlos en sus limitaciones de salud, solucionar sus problemas y no arrinconarlos como un trasto, por muy afanosa y compleja que sea la vida familiar, son garantes para la existencia feliz de los que ya pasan el umbral de los 60 años.

La expectativa de vida en Cuba se ha elevado a 77,9%. El grupo de 60 y más años es hoy el 17% y, ya se sabe, va a crecer más. Para que los bríos juveniles perduren hay que atender desde la infancia la salud física y mental, claves para llegar a la ancianidad provistos de un equilibrio emocional adecuado.

El proceso de envejecimiento puede modificarse notablemente si quien lo atraviesa manifiesta interés por conservar el vigor físico y mantener una vida activa, pero muchos temen llegar a esta etapa y algunos y algunas, sencillamente no la aceptan. No piensan que la vida es una dadiva hermosa y que con los años llegan otras posibilidades y experiencias. Las agujas del tiempo resultan indetenibles, pero no nos tomará desprevenidos si pensamos en el mejor modo de insertarnos en alguna actividad o proyecto o se asume los años que se tienen como recompensa de la vida.

La longevidad es una aspiración humana. Deseamos vivir largamente pero es poco lo que hacemos para lograrlo. Una vida sana pasa por modos saludables de alimentación, ejercicios físicos y mente positiva”. Tampoco la edad impide la distracción ni apartarse del trabajo y realizar proyectos sociales, deportivos, culturales, factores claves para acercarse al período que sigue provistos de un equilibrio emocional y dispuesto a asumir  esa etapa con respetabilidad, mesura y la autoestima bien arriba.

Igualmente la atracción personal transita por senderos abonados por la personalidad y el buen gusto, como diría una colega amiga. Y esto es válido para mujeres y hombres. A esta hora de la vida, una y otro han de atemperarse a los años que cuentan, sin olvidar la sexualidad, tan importante y enriquecedora a cualquier edad.

Desgraciadamente no corren igual suerte los que a la hora de la desventura no encuentran  el apoyo esperado en los suyos. En esta edad resulta decisiva la aceptación de los demás, la estimación recíproca y el respeto a la dignidad humana, elementos determinantes para la salud y la participación activa en la sociedad. En otras palabras, el proceso de senectud puede modificarse notablemente si quien lo atraviesa, manifiesta interés por conservar el vigor físico y mantener una vida activa y pletórica y si cuenta con el reconocimiento familiar.

La vejez llega con rapidez, comprender las dificultades de este proceso que incide considerablemente en la dinámica familiar, asimilarlo en aras de una mejor comprensión, debe contar con el beneplácito familiar y la aceptación del propio adulto mayor. Si las relaciones son armónicas con el resto de la familia, el anciano o la anciana se siente estimado, amado y respetado. Pero en muchas ocasiones hay actitudes de intolerancia referentes a los hábitos y gustos de los  viejos que son criticados e incomprendidos por los restantes miembros de la casa. Entonces se cae en pugnas generacionales que lo único que logran es la desconsideración y la merma de los derechos de las personas de avanzada edad.

El concepto edad no forma parte de nuestra idiosincrasia. Como bien señala el profesor Alfredo Ceballos en su libro Ni caerse ni dejarse caer. “eso está ahí y no se puede reducir ni física ni mentalmente, aunque se peine canas, se tenga el paso cansino y la memoria juegue alguna mala pasada; lo importante consiste en saber burlarnos de ella, “darle de lado”, como se dice en buen cubano.

Superarla con más conocimientos de nosotros mismos, de lo que nos hace daño, de aprender a enfrentar los traspiés que nos pone la vida. En fin, sonreír, sobrellevar, deslumbrarse y considerar la existencia un regalo y como tal recibirlo.

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